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¿De qué manera posiblemente un partido con escasos meses de historia haya podido cambiar el tablero político hasta el punto de amenazar al bipartidismo? ¿Qué llevó a Tenemos la posibilidad de a transformarse en una opción alternativa política para tanta gente? ¿Cuántos otros partidos podían haber capitalizado el descontento popular animado por la crisis y la corrupción? ¿Cuál fué la clave de su éxito?

El politólogo David Alvaro García y el periodista Enrique Fonseca Porras desgranan mediante este emocionante ensayo los puntales de la estrategia política de Tenemos la posibilidad de desde sus comienzos hasta nuestros días.

La determinación práctico-histórica del conocimiento

Por último, el recurso a la contradicción dialéctica por la parte de Marx no puede entenderse sin entender su concepción mucho más general sobre el saber. Es la concepción práctica y también histórica del conocimiento lo que deja a Marx desgajar la dialéctica del místico movimiento de la razón pura y asentarla sobre bases terrenales.

Como señalamos en un trabajo previo (Bruno, 2015), para Marx las maneras de nuestra conciencia no tienen un origen sin dependencia del movimiento real, sino son la expresión de una cierta situación popular y una práctica específica donde se introduce nuestro pensamiento. Por consiguiente, la dialéctica hegeliana no escapa a esta determinación práctica. El carácter especulativo y consagratorio de lo que consigue en Hegel está en función de reproducir el estado en verdad del que ella misma es expresión –esto es, la sociedad burguesa.

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La dialéctica deja a Hegel, entre otras muchas cosas, detectar las contradicciones reales; pero mientras que su praxis está en función de preservar y no de editar el estado de cosas actuales, se queda en el instante conciliatorio de unidad en la Iniciativa. En Marx, la dialéctica deja principalmente entender los antagonismos sociales verdaderamente que ya están como contradicciones fundamentales, esto es, inherentes al modo de producción capitalista. Y entender asimismo el carácter histórico de la verdad popular, que es un producto de la actividad productiva humana y que, al mudar esta, cambian asimismo las categorías por medio de las que entendemos esa situación. Todo lo mencionado es una aportación de la dialéctica que, lejos de ponerse en contra a la tarea científica, como apuntan sus críticos, fomenta su avance eludiendo la cristalización y absolutización de sus desenlaces. Por consiguiente, no hay una incoherencia en la fundamentación experimental de la verdad y su abordaje dialéctico. La verdad puede ser comprendida de distintas formas, que son históricas y están en función de objetivos prácticos; el fundamento empírico puedo comprenderlo como algo estático y dado para toda la vida, como en la situacion de las categorías de la economía política que Marx critica, o lo puedo llevar a cabo de manera dialéctica, etcétera.

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