el marketing sensorial se impone a la publicidad el tiempo

El gusto, el tacto, la visión, el oído y el olfato. Nacemos con cinco sentidos que nos unen al planeta y nos dejan oírlo. Ciertos, como el de la visión, los tenemos en cuenta escenciales para nuestra vida día tras día; al tiempo que otros, como el olfato, son de los mucho más poderosos, si bien no lo creamos.

Con el sentido del oído

Este recurso se encuentra dentro de los que mucho más tiempo se usa. Los conocidos jingles y sonidos son empleados por las fabricantes para hacer un aspecto de reconocimiento y asociación en la cabeza del cliente. Por servirnos de un ejemplo Mercadona o Netflix con su popular tata-dum.

En contraste al marketing visual, uno puede presenciar con la mercadotecnia auditivo aun mientras que efectúa otras ocupaciones: de qué forma practicar deporte, pasear, proceder a patinar…

Marketing sonoro

) Como ahora suponías, este es el género de marketing que usa el sonido como transmisor de información para recrear el oído con la emoción que quiere. La mercadotecnia sonoro es, según las neurociencias, entre los mucho más poderosos a nivel sensible.

Es buena forma de encender el deseo de compra de los usuarios. Eso sí, debe ir acompañada de un plan y un óptimo storytelling para tener el efecto perfecto. Al final de cuenta, la gente están fabricadas de historias y su sumergen de manera continua.

¿De qué forma llevar a cabo marketing sensorial?

Como afirmaba antes, la utilización del marketing sensorial no es novedosa. Usar los 5 sentidos para intensificar las experiencias del cliente en frente de un producto, una compra o una propaganda se hace desde hace cierto tiempo. En la mercadotecnia sensorial se procura ofrecer una vuelta de hembra, se procura emplear los elementos comunes y rutinarios que siempre y en todo momento se han empleado, y que hasta la actualidad se hacía de manera inconsciente, pero haciéndolo de manera planeada y programada para hacer estas vivencias,… servirse de los sentidos y de los recuerdos, de las conmuevas y de las experiencias, llevando al radical el medio usado para hallar fijar tu producto o marca en la parte sensible del cerebro de los usuarios. Sí, en la parte sensible del cerebro de los usuarios, ese sitio en el que radica la lealtad (y probablemente la alegría).

Un día un alumno me preguntó: «por qué razón en el hipermercado el horno huele a pan y no obstante la pescadería no huele a pescado, si el fragancia a pescado es mucho más fuerte que el del pan?». La contestación es muy sencilla: el fragancia a pan vende y atrae, el del pescado disgusta y hace rechazo. O sea marketing sensorial. El perfume o «perfume» a pan recién horneado es un fragancia interesante y hay que potenciarlo (artificialmente), pero el del pescado hay que camuflarlo y evitarlo. Para compensar los estímulos que nos llega a través del olfato, la luz de la pescadería es mucho más intensa y blanca, y la temperatura mucho más baja que en la panadería. Olfato, vista y tacto conjugados de una cierta forma a fin de que en el momento en que estemos en la región de pescadería nos resulte interesante la adquisición, y conjugados de manera diferente a fin de que en el momento en que estemos en la región de panadería nos resulte igualmente satisfactorio.

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